Es curioso que desde tiempos inmemorables nos creamos que por el mero echo de no tener delante una persona está no nos pueda ‘ver’. Todo el mundo se hace una imagen de su interlocutor en función de varios factores, los cuales no siempre dependen de nosotros mismos.

Durante años, y aún hoy en día, somos testigos de comportamientos cuanto menos curiosos a la hora de atender o ser atendidos por teléfono. Obviamente uno de los factores que mencionábamos anteriormente es, sin lugar a duda alguna, la procedencia de la persona que atiende una conexión telefónica. No es lo mismo que lo haga un argentino, peruano o colombiano (por dar algunos ejemplos, a que lo haga un español. Incluso dentro del territorio nacional el trato y el idioma es dispar según la zona de procedencia de cada uno. Ya ni mencionar cuando somos atendidos o atendemos en un idioma que no es el nuestro nativo.

También afecta mucho el estado anímico de quien atiende o es atendido. Un comentario cualquiera puede interpretarse de mil maneras.

Es por ello fundamental tener la capacidad y el temple necesario para que en cualquier situación podamos mantener el control de la conversación a fin de evitar que la gravedad vaya escalando.